Pausa activa durante el trabajo: por qué pequeños momentos de movimiento hacen la diferencia
Pasar varias horas trabajando sentado o en una misma posición puede hacer que el movimiento desaparezca de nuestra rutina. Las pausas activas son una manera sencilla de interrumpir esos períodos e incorporar más actividad física a lo largo del día.

¿Qué es una pausa activa?
Una pausa activa es un momento breve durante la jornada laboral dedicado a interrumpir el tiempo prolongado en una misma posición y poner el cuerpo en movimiento.
Puede incluir caminar por el lugar de trabajo, realizar algunos ejercicios de movilidad, hacer estiramientos, subir escaleras o simplemente levantarse y cambiar de posición.
No existe una única manera de hacer una pausa activa. Lo importante es crear oportunidades para que el cuerpo se mueva durante la jornada laboral.
¿Por qué hacer pausas durante el trabajo?
Cuando estamos concentrados en una tarea, es común pasar horas frente a la computadora sin darnos cuenta de cuánto tiempo permanecemos sentados.
Interrumpir estos períodos con pequeños momentos de movimiento ayuda a reducir el tiempo continuo de comportamiento sedentario y puede contribuir a una rutina más activa.
Además, levantarse y moverse puede ser una oportunidad para cambiar el foco durante unos minutos y retomar la actividad laboral después de la pausa.
Pequeñas oportunidades de movimiento también cuentan
Una pausa activa no tiene que convertirse en una sesión de ejercicio.
Es posible incorporar movimiento a la propia rutina de trabajo:
- levantarse para beber agua;
- caminar durante una llamada, cuando sea posible;
- utilizar las escaleras en lugar del ascensor;
- levantarse para hablar con un compañero en lugar de enviar un mensaje;
- realizar algunos movimientos de movilidad durante la jornada;
- caminar durante parte del descanso;
- alternar períodos sentado y de pie, cuando el entorno lo permita.
Son acciones sencillas, pero ayudan a interrumpir largos períodos de inactividad.
¿Cómo crear el hábito?
Una de las dificultades es recordar hacer la pausa. Por eso, asociar el movimiento con situaciones que ya forman parte de la rutina puede facilitar el hábito.
Por ejemplo, levantarse después de terminar una tarea, caminar antes de una reunión o aprovechar el descanso para salir un momento del espacio de trabajo.
También es posible utilizar recordatorios en la computadora o en el teléfono para evitar que pasen muchas horas sin ningún movimiento.
El objetivo no es transformar el trabajo en una sesión de ejercicio, sino hacer que el movimiento esté presente a lo largo del día.
La pausa activa no sustituye la actividad física
Es importante diferenciar ambas cosas.
Las pausas activas ayudan a interrumpir períodos prolongados de sedentarismo y a incorporar movimiento a la rutina. La actividad física, en cambio, incluye los movimientos corporales que implican un gasto de energía y puede realizarse de manera planificada o como parte de las actividades cotidianas.
Una estrategia no tiene que sustituir a la otra. Ambas pueden formar parte de una rutina más activa.
El movimiento también forma parte de la jornada laboral
Construir una rutina más activa no depende solamente de encontrar una hora libre para hacer ejercicio. También implica observar cuánto tiempo permanecemos inactivos e identificar las oportunidades de movimiento que ya existen en nuestro día.
Levantarse, caminar, cambiar de posición y moverse durante el trabajo son pequeñas acciones que ayudan a construir una rutina con más movimiento.
Porque una vida activa también se construye en los pequeños momentos del día.